¿Cuándo está justificado gritar? ¿Realmente ser agredido es la justa razón para levantarse y pisotear los derechos de otros?
Somos humanistas, no somos abogados, comunicólogos, arquitectos o computólogos. Somos la parte crítica de la sociedad, la que siente y piensa. O al menos es lo que debería pasar.
Esta última semana ha sido completamente ajena a nuestra labor. Filósofos, antropólogos, historiadores, lingüistas y literatos han demostrado que no están capacitados para entrar en el juego de la sociedad. ¿De quién es la culpa? ¿De un poder que pretende dividirnos entre dos extremos? ¿De una mala educación en la cuestión política? ¿Del encaminamiento o la dejadez de los profesores? ¿De una crisis política que se ha vivido durante años en el país?
¿Por qué ahora los jóvenes no podemos adquirir mente crítica? ¿Por qué siempre repudiamos al que no piensa como nosotros? ¿Por qué creemos enemigos a nuestros propios colegas? ¿Por qué buscamos la satanización o la martirización?
No estamos actuando como gente y mucho menos como humanistas. Gritamos exigiendo nuestros derechos, pero pisoteamos los derechos de otros. Recibimos el apoyo de personas con experiencia, personas que pueden compartir y guiarnos por el mejor rumbo y las despreciamos. Nos saltamos autoridades y exigimos responsabilidad por parte de ellas.
Decimos estar abiertos al diálogo y sólo parecen monólogos o soliloquios y quien no esté de acuerdo con mi manera de pensar es mi enemigo. Inculpamos a la gente por algo que no hizo. Y por una cosa insignificante nos ponemos agresivos.
Nos jactamos de ser democráticos y creamos anarquías. Nos jactamos de ser revolucionarios y queremos atar a los demás a nuestras ideologías. Nos creemos humanistas con derecho a ser escuchados, cuando todos los demás sólo son una prolongación de nuestro grito de libertad.
Existen otros. Allá, afuera de nuestras casas, de nuestras aulas. Allá, en otras casas, en sus trabajos, oficinas, fábricas, maquilas, en el campo. Allá hay otros, en los que debemos pensar. Hay jóvenes que quisieran una oportunidad para estudiar, un apoyo para lograr un sueño. Hay mamás que se están tronando los dedos para poder estirar su dinero porque ahora ya no alcanza para lujos. Hay hombres que salen a partirse el lomo como animales, para poder llevar un pan a la boca de sus hijos y sus esposas. Hay niños que trabajan porque en casa no les pueden pagar la escuela. Hay crímenes sin justicia, hay problemas en el país. Es por ellos que debemos luchar, pero al luchar no debemos olvidar que también debemos respetar a otros, a quienes no nos respetan. Es el principio básico.
No podemos exigir respeto si no respetamos, no podemos exigir libertad si nosotros mismos esclavizamos, no podemos pedir equidad si pretendemos ser más que los demás. Debemos ser congruentes en nuestras posturas y nuestros actos. Debemos abogar por el bien común pero debemos crear las formas.
No seamos humanistas retrógradas, vamos a crear, a inventar.
No les demos prestextos a la sociedad para que piense que somos inútiles, que sólo nos metemos en problemas y que somos un desperdicio, pues ellos son quienes nos mantienen, quienes mantienen a la universidad.
Es hora de analizarnos como humanistas, como gente responsable socialmente, que se supone que somos. Es hora de abrir los ojos y fijarnos que, al igual que otros, tambien tenemos estructuras que reproducimos, que defendemos y que no estamos dispuestos a perder. Debemos abrir la mente y las posibilidades a cambiar. Somos seres perfectibles, por lo cual siempre tendremos algo que mejorar en nuestra vida.
No seamos títeres de personajes más preocupados en sus intereses. Seamos dignos representantes de nuestra profesión para que avancemos, no para estancarnos más en discursos caducos y luchas sin organización, que tienen décadas en que se implementaron y que no cumplieron su cometido, ahora no será diferente.
El peor error que puede cometer una persona es repetir una misma acción y esperar resultados distintos.
Soy una alumna de la facultad de filosofía y letras y precisamente por todo lo sucedido, me ha nacido esta reflexión, pues me pregunto si en realidad estamos preparados para ser humanistas o aún nos falta mucho por recorrer. Me pregunto si de verdad somos útiles a la sociedad o la estamos afectando más.
Queda a consideración de cada uno.