En los últimos meses, me he replanteado la idea del amor. Hay muchas influencias en la vida que marcan, socialmente, la concepción del amor, su concepto, su significado, su manera de expresarse, así como las formas de significar. No es cosa de nada que el amor sea más un concepto social porque al final se forma a través de las relaciones interpersonales.
La literatura, las canciones, las películas están plagadas de temas de amor, "el amor romántico" que termina en tragedia o la dulce ilusión del "vivieron felices y comieron perdices". No es de extrañar que desde épocas muy lejanas a nosotros, la idealización del amor haya provocado grandes tragedias, por ejemplo, morir de amor, que para el siglo XIX era el famoso "mal del siglo" debido a las historias escritas por los románticos, en dónde había de todo menos un amor tan idealizado como pensamos ahora. Los cuentos de hadas tampoco se quedaron atrás, pero cuando logramos releer esas historias de la forma más "original" que podamos rastrear, había de todo menos amor.
No es que esté mal pensar en que algún día vamos a encontrar un amor que nos paralice y nos llene de felicidad, sino que nos alejamos de la realidad. Los problemas de pareja tienen mucho que ver con la idealización del otro. Pensemos en el momento en que nos gusta alguien, lo vemos casi perfecto, incluso las imperfecciones nos parecen maravillosas y comenzamos a amar a alguien "con sus defectos y virtudes", dejamos pasar cualquier cosa porque "de eso se trata el amor, de aceptar al otro". Sin dejar a un lado eso de que "el amor es sufrimiento". Sí, el enamoramiento.
No es que no creamos en el amor, sólo que, si lo pensamos bien, eso no es amor. Sí comprendo la parte de aceptar al otro como un ser humano que tiene cualidades y defectos pero ¿qué tanto debemos soportar del otro cuando nos está haciendo daño, sea consciente o no de ello? Todas las personas tenemos necesidades que cubrir y, en esto de las relaciones interpersonales (sean de pareja, amistad o familia), los otros juegan un papel importante.
Para amar a otros debemos comenzar por conocernos y amarnos nosotros mismos. Y para eso primero necesitamos detenernos y mirar hacia nuestro interior, reconocer nuestras necesidades y si tienen que ser cubiertas por otros o es que sólo estamos llenando vacíos que, por una u otra razón, nos ha dejado la vida.
Desde la terapia y el descubrimiento del apego ansioso leí un libro que me recomendó mi terapeuta que se llama "La princesa que no creía en cuentos de hadas", es una historia de lo más sencilla, mi parte literata no se sorprende pero, mi yo mujer con problemas de apego inseguro estuvo pensando en todo lo que decía esa historia. De ahí comencé a replantear lo que es el amor, junto con la influencia del budismo y la psicología, supe que hay una perspectiva diferente.
La idealización suena bien cuando lo leemos o lo vemos en la televisión pero, en la realidad ni una es una princesa perfecta ni ellos son los príncipes encantadores, ni la vida se trata de "vivieron felices por siempre" porque los humanos somos diferentes. Tampoco quiero decir que todos vivamos en la tragedia y todo sea malo y no debemos enamorarnos, para nada. Lo que quiero expresar es que el amor primero debe estar en nosotros, amarnos, cuidarnos y protegernos nosotros mismos, conocernos, saber cuales son nuestras debilidades, nuestros defectos y nuestras virtudes y capacidades. Entrenarse en la comunicación asertiva y, no confundir el amor propio con egoísmo. Después vendrá la parte de querer a alguien, de compartir con esa persona todo lo que hemos construido de nosotros.
Amar a otra persona debería ser tranquilidad, debería ser compartir la vida, la felicidad y todo lo que construimos dentro y fuera de nosotros. El amor no debe doler, no debe sacrificarse (no en el sentido romántico), el amor deja fluir, deja ser. El amor jamás ata, sino que une pero deja libertad para tomar esa decisión.
Desde hace un tiempo comprendí que amar es dejar ir, es soltar, es sentirse bien porque el ser amado es feliz, en cualquier circunstancia. ¿Que duele? Sí, porque aún no estamos acostumbrados a amar de esa forma, porque el ego se hiere cuando alguien es feliz lejos de ti, pero cuando el amor es de verdad, ese dolor no va a arruinar la felicidad del otro.
Sí, los apegos inseguros nos hacen sufrir y sanar es un camino arduo, aunque la solución está en cada uno. Por eso sé desde hace algún tiempo que puedo amar cuando me amo y que la felicidad consiste en lo que soy y tengo ahora en mí, no en si la otra persona también me ama. ¿Si quisiera que él estuviera aquí? Sí, obviamente, pero si su decisión es no estar, es bien recibida. Tengo que continuar mi camino, sola y si en algún momento quiere acompañarme, le agradeceré y si decide irse, guardaré con cariño el tiempo que compartimos. Porque así debe ser el amor.