sábado, 27 de marzo de 2021

Proceso

De repente estoy aplicando lo que me dijo Ev hace meses sobre hacer válidas mis emociones y comunicarlas de manera asertiva. A veces me quedo pensado en si lo dije adecuadamente o fue agresivo. Y luego llega la incertidumbre ¿pensará que soy mala? ¿Pensará que exagero? Y a eso se le llama Miedo a la incertidumbre, que en muchos casos de síndrome del impostor y baja autoestima es un clásico, porque importa mucho lo que piensan los demás de uno. ¿Malo? Sí, obvio, porque basamos la autopercepcion y el auto concepto en los otros.

¿Cómo solucionar esto? Bueno, no es sencillo porque la intolerancia a la incertidumbre provoca ansiedad y la ansiedad provoca intolerancia a la incertidumbre, en un círculo infinito del que es difícil salir sin las herramientas adecuadas.

La incertidumbre es aquello que pasará en el futuro, no sabemos si será bueno o malo pero algo ocurrirá, generalmente está intolerancia provoca rumiaciones que no salen de lo catastrófico o negativo. Se genera una distorsión cognitiva. Sí, eso de lo cual no tenemos seguridad pero que nuestro cerebro piensa y cree.

Tenemos que empezar a cambiar el pensamiento distorsionado por algo más saludable, algo que nos haga caer en la realidad y en el caso de la incertidumbre, dejar de pensar en lo que pasará, en lo que pensarán o lo que dirán de uno, siempre y cuando comuniquemos con asertividad nuestras necesidades, gustos y preferencias.

Sé que siempre parece que todo es exagerado pero cuando pasas por problemas de salud tanto física como mental, sientes y dimensionas las cosas de otra forma. La desesperación de estar ahogándose en un vaso de agua, pensar que estás exagerando cuando en realidad sientes que todo alrededor está mal, que todo dentro de ti está mal, que tu mundo se cae a pedazos, que es mejor morir a seguir dando molestias a los demás, que no sirves de nada, que nunca lograrás aquello que te propusiste... Y la soledad, la eterna soledad que alimentas porque sientes que estás vacía, que no puedes aportar nada a nadie.

Y aunque las cosas no sean así, todo el cuerpo y la mente reaccionan a esos pensamientos y entonces se enferman, se estancan, se convierten en un mar de síntomas que lo único que te gritan es "algo anda mal". O también están resistiendo el cambio porque estaban acostumbrados a sufrir. A veces, sufrir es como una adicción. No es que te guste, sino que has pasado tanto tiempo sumida en ese estado que cuando intentas cambiar todo se resiste.

Hoy tolero mejor la incertidumbre y, aunque la ansiedad se apoderó de mi las últimas semanas, voy luchando para que no me afecte y continúe dando pequeños pasos hacia una vida más saludable y con mayor bienestar. Aunque ya me haya costado el hígado y las entrañas. 

viernes, 26 de marzo de 2021

Pendientes

No sé cómo logré salir de esta crisis de ansiedad. O mejor dicho, estoy sorprendida de haberlo logrado. No es nada fácil hacerlo sola. La última vez estaba en terapia y mi psicóloga me ayudaba en esos momentos. Hoy estoy sola. 

Se siente muy extraño tener que sobrellevar esto, es algo que jamás hubiera imaginado. Sí, tenía la esperanza de lograr hacerlo sola un día pero no pensaba cómo iba a ser. 

No puedo ocultar el hecho de que aún hay ciertos estragos, es como un huracán que pasa por tu vida y alborota todo, las emociones, los pensamientos y las creencias se mueven tanto y la vida se vuelve insoportable, al final, hay que recoger, limpiar y ordenarlo todo para poder seguir viviendo de manera adecuada. 

Ahora aún me siento débil, sensible, triste. Ojalá cuando las crisis pasaran no quedara nada, pero las cosas no son así. Ayer todavía tuve ganas de llorar y lo hice. Nada es más saludable que dejar fluir las emociones de manera sencilla, dejarlas ser y dejar que se vayan. 

Y las secuelas físicas tampoco están de más, aún tengo malestar estomacal y un poco de dolor en el cuerpo por la tensión de casi dos semanas. Pero me levanté y ahora sé que puedo hacerlo sola. 

Estoy sanando aún muchas cosas que he llevado por muchos años, todo eso que tiene que ver con mi autoestima, mi seguridad y confianza y reconocimiento propio. A veces siento que no voy a poder hacerlo nunca pero la esperanza vuelve a brillar en mí. 

Cuando Ev preguntó si estaba lista, no imaginaba todo lo que iba a pasar. 

Hoy despierto con el orgullo de saber que ahora tengo herramientas para gestionar este tipo de recaídas y tengo el apoyo de gente bien bonita, empezando por mi familia. También sé que tengo muchas aptitudes y mucho amor que dar a los demás aunque primero debo empezar por mí. Hoy estoy reconociendo que lo hice bien, que me caí y lloré y sufrí pero puedo volver a empezar. 

Tengo varias cosas pendientes pero ahora sé que lo más importante es mi bienestar. Pero igual ya me voy a apurar, jejeje.

sábado, 20 de marzo de 2021

Actualización

Días difíciles en una de las crisis más fuertes que he tenido desde la alta de terapia, aún tengo estragos por la ansiedad, mi estómago fue el más resentido. Aún despierto con mucho nerviosismo pero cada día es menor.

Tengo una herramienta para cambiar las distorsiones cognitivas y me ayuda a poder centrarme en lo que me hace bien. Eso más la meditación y el no dejar de comer son fundamentales.

Sé que muchos no lo saben porque siempre evito darlo a conocer, no me gusta que me vean vulnerable pero cuando se lo conté a mi familia, sentí que me comprendieron, no con lástima sino con amor. Ese fue el día más fuerte de la crisis, no pude comer casi nada, estuve llorando todo el día y aun así ese día grabé el blog que subí ayer. Me sorprendí por lo que hice y cómo puedo esconder mi estado emocional. Y por eso algunos piensan que es una exageración.

Creo que también he avanzado un poco en mi seguridad, aunque ayer dos personas me halagaron y otra vez hubo algo de incomodidad. A diferencia de otras personas que se sienten bien con los halagos, yo siento que exageran, que tal vez están viendo a otra persona que no soy yo. Pero abrí mi corazón y recibí sus palabras. No tienen porqué mentirme. Eso quiero creer.

Desde hace un año he tenido días malos pero no una crisis como ésta. Debo confesar que comencé a pensar en qué pasaría si yo desapareciera. Luego reaccioné y aunque sé que ahora veo todo oscuro y catastrófico, llegará el tiempo de la luz. Me sentí como hace 10 años, tuve esa sensación y recordé que me costó 3 años de depresión metida en casa sin hacer nada. Esta vez fue diferente y eso me alegra, porque aún con todo este peso emocional hice mi vlog, trabajé en otras cosas y hablé de cómo me sentía. Salí a caminar para despejarme y me enfrente a mis propios pensamientos, los reté y los reformulé. Y aunque no se creen en automático, ayudan a tranquilizar el alma.

No puedo cambiar lo que otros piensen de mí, ni para bien ni para mal pero puedo cambiar lo que yo pienso de mí. Me he notado más compasiva, más comprensiva y más amorosa que antes. Comprendo porqué otras personas actúan de cierta forma, pero no las justifico, sólo comprendo sus razones para hacer lo que hicieron.

Tal vez aún vengan días difíciles contra los que debo resistir, sé que aún habrá momentos en que vuelva a caer y saldré adelante. Me toca trabajar en el perdón a mí misma para continuar en la vida. Por ahora me siento satisfecha con el video de ayer porque vencí una inseguridad y logré hasta gustarme. No todo es tan malo como pensaba.

Y aunque hay personas que me gustaría que estuvieran más cerca o que mínimo estuvieran, también vuelco mi compasión por ellos y deseo que estén bien aunque no me tomen en cuenta en su vida. Porque podré estar muriendo por dentro pero siempre voy a querer lo mejor para los demás. Y no es por hacerme la buenita sino porque todos merecemos lo mejor en la vida. 

martes, 16 de marzo de 2021

Vivir en el pasado. Vivir en el futuro.

Vivir con problemas de ansiedad y depresión no es sencillo. Las recaídas no son sencillas pero, cuando no has tenido un proceso terapéutico parecen imposibles de superar. Esta última semana ha sido complicada por estos problemas. Y parece que nada más me quejo porque me pasan muchas cosas pero mi vida no es tan terrible como parece.

Vivir con ansiedad y depresión te da una visión diferente de la vida. Ahora sé que estas sensaciones son momentáneas, que siguiendo con el trabajo de control, de fortalecer el autoestima, de acompañamiento, de darle tiempo y voz a las emociones, de implementar estrategias diferentes, de meditar y ejercitarme, un día todo será más tranquilo. 

Vivir con ansiedad y depresión te ata al pasado y te mantiene en la incertidumbre del futuro. Todo se magnifica en esos días, tus problemas, tus defectos, tus errores, tus fracasos, el abandono, la soledad... Y en esos momentos no puedes hacer gran cosa porque, aunque sabes que no es cierto, tu mente no deja de pensar en lo más catastrófico que pueda pasar, en qué pensarán de ti los demás, en la decepción que provocarás, en que eres un fracaso completo. 

Vivir con ansiedad y depresión te hace sentir envidia por aquellos que pueden superar de manera fácil cualquier problema, que, ante todo, se ven radiantes porque saben abandonar el pasado. Envidias esa capacidad mientras te sientes hundido en sensaciones y malestares físicos, mientras tu mente te sigue recordando, una y otra vez, que no eres capaz, que eres una mala/fea persona, que nadie te quiere o que te dejarán de querer. 

Vivir con ansiedad y depresión es caer en un vórtice oscuro de pensamientos negativos que te obligan a quedarte quieto, que te provocan miedos irracionales y sólo quieres quedarte en la cama todo el día.

Vivir con ansiedad y depresión te quita las ganas de seguir haciendo lo que te gusta, no te permite disfrutar de ver una película, de comer lo que más se te antoja, no te deja dormir por estar dándole vueltas a un asunto que ni siquiera podrías resolver y que, lo más probable es que ni siquiera exista. O te hace caer en los excesos. 

Vivir con ansiedad y depresión te obliga a quedarte inmóvil mientras tu mente gira entorno al mismo punto y luego encuentra otro punto donde girar y hace una interminable cadena de pensamientos negativos de la cual no puedes salir. Dejas de dormir o no descansas. Todo alrededor es terrible. 

Vivir con ansiedad y depresión provoca que te ausentes, que te alejes, que te encierres, que nadie pueda entrar, no sólo en una habitación, sino en tu vida. Desconfías de todos, alejas a todos, te alejas tú. 

Vivir con ansiedad y depresión hace que sólo pienses en ti en forma negativa, que pienses en los demás pensando en ti de forma negativa, que pienses sólo de forma negativa hasta que lo creas, hasta que tu cuerpo se mantenga en alerta todo el tiempo. 

No sólo parece horrible, lo es pero la esperanza de que vendrán días mejores te rescata de todo, te rescata de ti y entonces actúas, a pesar del cansancio, de la pesadez de cargar todas esas emociones, a pesar del temblor del cuerpo, a pesar de la inapetencia. Te levantas, meditas, haces ejercicio, avanzas un poco en tus proyectos. Ya lograr levantarte y tender la cama es un logro en días malos. Comer cuando sientes que tu estómago está revuelto, ya es un logro. Meditar 3 minutos, ya es un logro. Caminar dos cuadras, ya es un logro. 

A quiénes nunca han vivido este tipo de padecimientos les puede parecer absurdo, pero la mente es la herramienta más poderosa del mundo. A veces me he reprochado ser así y pienso que mis padres dieron todo para que tuviera una infancia feliz y sencilla, a pesar de las carencias. Siento que no merecen que yo cargue con estos problemas, me siento una malagradecida. Luego, compasivamente me detengo y veo las circunstancias que me llevaron a sentirme así, a ser así. Nunca quise dar problemas porque ya había los suficientes en casa, así que siempre me exigí de más, guardaba todo lo que sentía para no preocupar a mis padres, pensaba en ser siempre la hija perfecta para que ellos sólo se preocuparan por las cosas de la casa. Siempre guardé la inseguridad que sentía frente a mis compañeritos. Cuando era adolescente seguí guardando mis cosas, mis primeros males de amor, mi baja autoestima, nunca le dije a mi mamá que me sentía fea, nada atractiva, sola. Todo lo llevaba yo a cuestas, ocultando bajo la máscara de la alumna perfecta, de la hija estudiosa, de la amiga incondicional. De ahí nació todo eso, y cuesta trabajo aceptarlo porque aún me siento así en ocasiones. 

La frustración viene de no ser la mujer perfecta, la profesionista perfecta, la amiga perfecta, la novia perfecta, la hija perfecta. Por eso no puedo dejar ir el pasado, no puedo superar mis errores, no puedo permitir que alguien se dé cuenta que no soy perfecta. Pero al mismo tiempo, siento que vivo en un engaño continuo, de ahí nace el impostor. 

Estoy trabajando muy duro para superar esto, estoy esforzándome como no tienen idea para salir adelante, aunque hay días o semanas que todo me gana y me quedo sin fuerza y sin ganas. Ha pasado más de un año que inicié el cambio en mi vida, y no es fácil cambiar más de 20 años de hábitos negativos en este tiempo pero sé que hay un avance. Hoy puedo venir a escribirlo sin vergüenza y dejar mi testimonio como una prueba de lo que soy capaz de hacer. 

No quiero lástima de los demás, sólo quiero compasión, que comprendan que este tipo de situaciones no son fáciles de sobrellevar, que se requiere tiempo, fuerza, constancia y muchísima paciencia para comprenderse uno mismo y fortalecerse. 

Hoy sólo sé que nada es para siempre, pero si algo quisiera que fuera eterno, sería el bienestar emocional que aún no logro conseguir. Por el momento, seguiré dando estos pequeños pasos. Se lo debo a mi niña interior, a mi corazón y a mí. 


sábado, 13 de marzo de 2021

Mi mayor enemiga

Han sido días difíciles. Estoy sobrellevando una crisis de ansiedad y depresión que me atacó por sorpresa. ¿El motivo? Simplemente, volví a culparme de ciertas cosas del pasado, de lo que hice, de lo que pude haber hecho, de lo que no debí hacer, etc. Lo que comúnmente trae la ansiedad. Junto a esos pensamientos rumiantes, la culpa, el desgano, la tristeza y la falta de apetito también están los desórdenes alimenticios y el dolor de estómago.

Justo en la semana en que obtuve una buena oportunidad para freelancear mejor, junto a los nuevos planes del canal. Sí, es difícil vivir así, la ventaja es ir aprendido y generando estrategias para pasar estos momentos con menor sufrimiento. Y escribo sufrimiento porque no sé cómo describirlo.

Lo raro de todo es que no he podido llorar, siento un nudo en la garganta pero no deja salir las lágrimas y eso me frustra un poco porque no sé cómo desahogarme. La meditación funciona para tranquilizar los temblores y el nerviosismo, aunque sí he pasado dos noches sin dormir adecuadamente.

Lo bueno es que sé que esto no es para siempre y que cuando pase habré aprendido y superado esta crisis. No está bonito pasarla sola pero tiene mayor valor para recuperarme. Quiero que esto ya no sea importante un día y pueda volverme segura, alegre y viviendo el presente.

Ya sé que todos nos equivocamos en la vida pero me cuesta trabajo perdonarme y esa es la lección de esta crisis. Perdonarme por no ser perfecta. Perdonarme por no respetar mis valores. Perdonarme por no amarme lo suficiente. Perdonarme por hacerme daño.

Soy mi mayor enemiga. 🥺

lunes, 1 de marzo de 2021

Conciertos recuerdos

 Hoy desperté muy desanimada como los últimos días pero pasó algo que me cambió el día. En general, cuando me siento así, suelo aislarme, no en un mal sentido, sino que me provoca mucha incomodidad que me hablen y para evitar responder mal, mejor me tomo mi tiempo. 

Hoy parece que algo hizo que varias personas se acordaran de mí y me llegaron varios mensajes al mismo tiempo que me sentí agobiada y un poco ansiosa. Pero, tampoco pretendí ignorarlos porque al final son amigos de años y sabía que si les decía que estaba indispuesta, entenderían. 

La sorpresa fue un mensaje de un amigo del bachillerato, al que tiene muchos años que no veo y que pensé que era algo sin importancia o un simple saludo. Y no. Me dijo que tenía una aventura que compartir conmigo y de la que, en parte, soy culpable. Recordó una ocasión en que, a nuestra corta edad, fuimos juntos a un concierto de trova en el zócalo de la ciudad. Como todo lo que me apasiona, siempre sabía muchas cosas sobre los troveros y le platicaba todo lo que sabía mientras escuchábamos canciones. Él lo recuerda muy bien y, aunque no sabía mucho, le gustaba escuchar todo lo que tenía que decir. Dice que se impresionó con uno de los cantautores y desde ahí nació su sueño de cantar en una escenario solo. 

Han pasado muchos años, cada quién tomó su camino y, aunque nos tenemos en redes sociales, jamás habíamos hablado. Hoy está próximo a grabar un disco y una de las canciones la hará con aquel cantautor que le fascinó cuando éramos unos adolescentes y quiso compartir conmigo la noticia y la historia. 

Dice que en sus pequeños conciertos tiene el speech de cómo inició su sueño y siempre me menciona, sin yo saberlo. Hoy me agradeció que esté en ese camino gracias a la invitación a ese concierto, gracias a mi obsesión por lo que me gusta, gracias a mi amistad. 

Ya lo había olvidado, pero que otra persona recuerde lo que vivieron y que gracias a algo que parece tan insignificante se esté a punto de cumplir un sueño es halagador. El síndrome del impostor, a veces quiere volver, y no me doy cuenta de lo que otros ven. Yo también le agradecí el gesto tan bonito y, sobre todo, que él sin saberlo, hizo que volteara una vez más a mi interior y descubriera aquellas cosas bonitas que he brindado a los demás. 

Dicen que en la vida se te regresa lo que das, quizá no en la misma medida o de la misma persona, pero hoy compruebo que, pese al tiempo y la distancia, hay gente que te lleva en su vida y en su corazón por algo tan pequeño que hiciste y que vale la pena para que la vida de otros sea mejor. 

Una vez más confío en que mi misión en esta vida es ayudar a otros.

Además, todo esto me ayudó a elevar mis niveles de serotonina y me animé mucho. Qué bonito es el agradecimiento.