El olor del copal y las hierbas, el sol calentaba las piedras, un sueño se aproximaba y la esperanza de un cambio, de un nuevo rumbo. Miré sus ojos en los de aquel hombre que no podía caminar y en una suerte de ayudar, le tendí la mano y él la tomó. Una sonrisa que se quedó plasmada en el ancho hueco de mi corazón.
sábado, 27 de marzo de 2021
Proceso
viernes, 26 de marzo de 2021
Pendientes
No sé cómo logré salir de esta crisis de ansiedad. O mejor dicho, estoy sorprendida de haberlo logrado. No es nada fácil hacerlo sola. La última vez estaba en terapia y mi psicóloga me ayudaba en esos momentos. Hoy estoy sola.
Se siente muy extraño tener que sobrellevar esto, es algo que jamás hubiera imaginado. Sí, tenía la esperanza de lograr hacerlo sola un día pero no pensaba cómo iba a ser.
No puedo ocultar el hecho de que aún hay ciertos estragos, es como un huracán que pasa por tu vida y alborota todo, las emociones, los pensamientos y las creencias se mueven tanto y la vida se vuelve insoportable, al final, hay que recoger, limpiar y ordenarlo todo para poder seguir viviendo de manera adecuada.
Ahora aún me siento débil, sensible, triste. Ojalá cuando las crisis pasaran no quedara nada, pero las cosas no son así. Ayer todavía tuve ganas de llorar y lo hice. Nada es más saludable que dejar fluir las emociones de manera sencilla, dejarlas ser y dejar que se vayan.
Y las secuelas físicas tampoco están de más, aún tengo malestar estomacal y un poco de dolor en el cuerpo por la tensión de casi dos semanas. Pero me levanté y ahora sé que puedo hacerlo sola.
Estoy sanando aún muchas cosas que he llevado por muchos años, todo eso que tiene que ver con mi autoestima, mi seguridad y confianza y reconocimiento propio. A veces siento que no voy a poder hacerlo nunca pero la esperanza vuelve a brillar en mí.
Cuando Ev preguntó si estaba lista, no imaginaba todo lo que iba a pasar.
Hoy despierto con el orgullo de saber que ahora tengo herramientas para gestionar este tipo de recaídas y tengo el apoyo de gente bien bonita, empezando por mi familia. También sé que tengo muchas aptitudes y mucho amor que dar a los demás aunque primero debo empezar por mí. Hoy estoy reconociendo que lo hice bien, que me caí y lloré y sufrí pero puedo volver a empezar.
Tengo varias cosas pendientes pero ahora sé que lo más importante es mi bienestar. Pero igual ya me voy a apurar, jejeje.
sábado, 20 de marzo de 2021
Actualización
martes, 16 de marzo de 2021
Vivir en el pasado. Vivir en el futuro.
Vivir con problemas de ansiedad y depresión no es sencillo. Las recaídas no son sencillas pero, cuando no has tenido un proceso terapéutico parecen imposibles de superar. Esta última semana ha sido complicada por estos problemas. Y parece que nada más me quejo porque me pasan muchas cosas pero mi vida no es tan terrible como parece.
Vivir con ansiedad y depresión te da una visión diferente de la vida. Ahora sé que estas sensaciones son momentáneas, que siguiendo con el trabajo de control, de fortalecer el autoestima, de acompañamiento, de darle tiempo y voz a las emociones, de implementar estrategias diferentes, de meditar y ejercitarme, un día todo será más tranquilo.
Vivir con ansiedad y depresión te ata al pasado y te mantiene en la incertidumbre del futuro. Todo se magnifica en esos días, tus problemas, tus defectos, tus errores, tus fracasos, el abandono, la soledad... Y en esos momentos no puedes hacer gran cosa porque, aunque sabes que no es cierto, tu mente no deja de pensar en lo más catastrófico que pueda pasar, en qué pensarán de ti los demás, en la decepción que provocarás, en que eres un fracaso completo.
Vivir con ansiedad y depresión te hace sentir envidia por aquellos que pueden superar de manera fácil cualquier problema, que, ante todo, se ven radiantes porque saben abandonar el pasado. Envidias esa capacidad mientras te sientes hundido en sensaciones y malestares físicos, mientras tu mente te sigue recordando, una y otra vez, que no eres capaz, que eres una mala/fea persona, que nadie te quiere o que te dejarán de querer.
Vivir con ansiedad y depresión es caer en un vórtice oscuro de pensamientos negativos que te obligan a quedarte quieto, que te provocan miedos irracionales y sólo quieres quedarte en la cama todo el día.
Vivir con ansiedad y depresión te quita las ganas de seguir haciendo lo que te gusta, no te permite disfrutar de ver una película, de comer lo que más se te antoja, no te deja dormir por estar dándole vueltas a un asunto que ni siquiera podrías resolver y que, lo más probable es que ni siquiera exista. O te hace caer en los excesos.
Vivir con ansiedad y depresión te obliga a quedarte inmóvil mientras tu mente gira entorno al mismo punto y luego encuentra otro punto donde girar y hace una interminable cadena de pensamientos negativos de la cual no puedes salir. Dejas de dormir o no descansas. Todo alrededor es terrible.
Vivir con ansiedad y depresión provoca que te ausentes, que te alejes, que te encierres, que nadie pueda entrar, no sólo en una habitación, sino en tu vida. Desconfías de todos, alejas a todos, te alejas tú.
Vivir con ansiedad y depresión hace que sólo pienses en ti en forma negativa, que pienses en los demás pensando en ti de forma negativa, que pienses sólo de forma negativa hasta que lo creas, hasta que tu cuerpo se mantenga en alerta todo el tiempo.
No sólo parece horrible, lo es pero la esperanza de que vendrán días mejores te rescata de todo, te rescata de ti y entonces actúas, a pesar del cansancio, de la pesadez de cargar todas esas emociones, a pesar del temblor del cuerpo, a pesar de la inapetencia. Te levantas, meditas, haces ejercicio, avanzas un poco en tus proyectos. Ya lograr levantarte y tender la cama es un logro en días malos. Comer cuando sientes que tu estómago está revuelto, ya es un logro. Meditar 3 minutos, ya es un logro. Caminar dos cuadras, ya es un logro.
A quiénes nunca han vivido este tipo de padecimientos les puede parecer absurdo, pero la mente es la herramienta más poderosa del mundo. A veces me he reprochado ser así y pienso que mis padres dieron todo para que tuviera una infancia feliz y sencilla, a pesar de las carencias. Siento que no merecen que yo cargue con estos problemas, me siento una malagradecida. Luego, compasivamente me detengo y veo las circunstancias que me llevaron a sentirme así, a ser así. Nunca quise dar problemas porque ya había los suficientes en casa, así que siempre me exigí de más, guardaba todo lo que sentía para no preocupar a mis padres, pensaba en ser siempre la hija perfecta para que ellos sólo se preocuparan por las cosas de la casa. Siempre guardé la inseguridad que sentía frente a mis compañeritos. Cuando era adolescente seguí guardando mis cosas, mis primeros males de amor, mi baja autoestima, nunca le dije a mi mamá que me sentía fea, nada atractiva, sola. Todo lo llevaba yo a cuestas, ocultando bajo la máscara de la alumna perfecta, de la hija estudiosa, de la amiga incondicional. De ahí nació todo eso, y cuesta trabajo aceptarlo porque aún me siento así en ocasiones.
La frustración viene de no ser la mujer perfecta, la profesionista perfecta, la amiga perfecta, la novia perfecta, la hija perfecta. Por eso no puedo dejar ir el pasado, no puedo superar mis errores, no puedo permitir que alguien se dé cuenta que no soy perfecta. Pero al mismo tiempo, siento que vivo en un engaño continuo, de ahí nace el impostor.
Estoy trabajando muy duro para superar esto, estoy esforzándome como no tienen idea para salir adelante, aunque hay días o semanas que todo me gana y me quedo sin fuerza y sin ganas. Ha pasado más de un año que inicié el cambio en mi vida, y no es fácil cambiar más de 20 años de hábitos negativos en este tiempo pero sé que hay un avance. Hoy puedo venir a escribirlo sin vergüenza y dejar mi testimonio como una prueba de lo que soy capaz de hacer.
No quiero lástima de los demás, sólo quiero compasión, que comprendan que este tipo de situaciones no son fáciles de sobrellevar, que se requiere tiempo, fuerza, constancia y muchísima paciencia para comprenderse uno mismo y fortalecerse.
Hoy sólo sé que nada es para siempre, pero si algo quisiera que fuera eterno, sería el bienestar emocional que aún no logro conseguir. Por el momento, seguiré dando estos pequeños pasos. Se lo debo a mi niña interior, a mi corazón y a mí.
sábado, 13 de marzo de 2021
Mi mayor enemiga
lunes, 1 de marzo de 2021
Conciertos recuerdos
Hoy desperté muy desanimada como los últimos días pero pasó algo que me cambió el día. En general, cuando me siento así, suelo aislarme, no en un mal sentido, sino que me provoca mucha incomodidad que me hablen y para evitar responder mal, mejor me tomo mi tiempo.
Hoy parece que algo hizo que varias personas se acordaran de mí y me llegaron varios mensajes al mismo tiempo que me sentí agobiada y un poco ansiosa. Pero, tampoco pretendí ignorarlos porque al final son amigos de años y sabía que si les decía que estaba indispuesta, entenderían.
La sorpresa fue un mensaje de un amigo del bachillerato, al que tiene muchos años que no veo y que pensé que era algo sin importancia o un simple saludo. Y no. Me dijo que tenía una aventura que compartir conmigo y de la que, en parte, soy culpable. Recordó una ocasión en que, a nuestra corta edad, fuimos juntos a un concierto de trova en el zócalo de la ciudad. Como todo lo que me apasiona, siempre sabía muchas cosas sobre los troveros y le platicaba todo lo que sabía mientras escuchábamos canciones. Él lo recuerda muy bien y, aunque no sabía mucho, le gustaba escuchar todo lo que tenía que decir. Dice que se impresionó con uno de los cantautores y desde ahí nació su sueño de cantar en una escenario solo.
Han pasado muchos años, cada quién tomó su camino y, aunque nos tenemos en redes sociales, jamás habíamos hablado. Hoy está próximo a grabar un disco y una de las canciones la hará con aquel cantautor que le fascinó cuando éramos unos adolescentes y quiso compartir conmigo la noticia y la historia.
Dice que en sus pequeños conciertos tiene el speech de cómo inició su sueño y siempre me menciona, sin yo saberlo. Hoy me agradeció que esté en ese camino gracias a la invitación a ese concierto, gracias a mi obsesión por lo que me gusta, gracias a mi amistad.
Ya lo había olvidado, pero que otra persona recuerde lo que vivieron y que gracias a algo que parece tan insignificante se esté a punto de cumplir un sueño es halagador. El síndrome del impostor, a veces quiere volver, y no me doy cuenta de lo que otros ven. Yo también le agradecí el gesto tan bonito y, sobre todo, que él sin saberlo, hizo que volteara una vez más a mi interior y descubriera aquellas cosas bonitas que he brindado a los demás.
Dicen que en la vida se te regresa lo que das, quizá no en la misma medida o de la misma persona, pero hoy compruebo que, pese al tiempo y la distancia, hay gente que te lleva en su vida y en su corazón por algo tan pequeño que hiciste y que vale la pena para que la vida de otros sea mejor.
Una vez más confío en que mi misión en esta vida es ayudar a otros.
Además, todo esto me ayudó a elevar mis niveles de serotonina y me animé mucho. Qué bonito es el agradecimiento.